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Las 8.170 hectáreas que dedica Castilla y León a la colza de regadío supone apenas el 1,7% de la superficie que funciona bajo esta forma de trabajo. Dicho esto, aumentar el número de hectáreas sería una inteligente decisión colectiva de los agricultores de la comunidad, dado que supondría introducir en numerosas rotaciones un cultivo que cuenta a su favor con poderosos argumentos, tanto agronómicos como económicos.

Así podría resumirse la jornada dedicada a la colza el 25 de agosto en el Centro Nacional de Formación de Argo Tractors en Villamarciel, en la provincia de Valladolid. La maquinaria tuvo un papel protagonista en el encuentro y, de hecho, los asistentes tuvieron la oportunidad de conocer un preparador y la sembradora Monosem NG 4 plus de Maquinaria Agrícola Sanz, así como numerosos tractores de las marcas McCormick y Landini. En la parte exterior del recinto se pudo analizar el Landini 6 130 CLS y el McCormick X7 680.

Heladas y sequía han mermado producción de colza en muchas comarcas de Castilla y León, pero ninguno de los ponentes dudaba de que este cultivo sea una sólida opción para Castilla y León, con encendidas defensas para su cultivo tanto en secano como en regadío.

Recomendaciones de riego. Uno de los ponentes era José Carlos Iglesias, de Itacyl, quien apuntó una serie de claves obtenidas de los estudios realizados de la mano de InfoRiego, con unas recomendaciones de riego para la colza “que no buscan la máxima producción, sino la máxima eficiencia”. Desde Itacyl se ha desarrollado un Plan de Monitorización de Cultivos para detectar las diferencias entre zonas, con el objetivo de mejorar las recomendaciones de InfoRiego. Ese programa ha confirmado las ventajas de la colza ante la escasez de agua, sobre todo gracias a su raíz pivotante, “que permite aprovechar mejor las reservas de agua que hay en la tierra”. De hecho, “es uno de los cultivos que menos agua demandan”, recalcó.

¿Cuántas veces regar? El técnico de Itacyl destacó que la colza es un cultivo “muy sensible al encharcamiento”. Así, un exceso de agua en la floración puede producir encamado y la aparición de diferentes enfermedades.

Recomendó realizar un riego presiembra para tener una preparación del lecho de siembra adecuado y, de este modo, favorecer la nascencia. En la postsiembra es recomendable realizar riegos frecuentes en pequeñas dosis, mientras que en el periodo de floración el riego puede ser perjudicial; por esa razón es mejor realizar riegos de prefloración para que haya reservas en el suelo cuando la planta desarrolle la flor y necesite recurrir a esa ‘bodega’.

Para hacer números. El plan de monitorización diseñado por Itacyl incluía un estudio económico por parcelas, en el que se tenían en cuenta los ingresos brutos, el coste en maquinaria, el coste de la mano de obra, el de los insumos, el del riego y el del capital circulante invertido en el proceso productivo.

Sus conclusiones se pueden consultar en detalle en el apartado de colza de www.campocyl.es, aunque cabe destacar que los ingresos obtenidos eran de 1205,03 euros por hectárea en el caso de la colza y de 1045,73 euros en el del trigo blando, el cultivo que permite una mejor comparación con la colza. A tenor de la encuesta, desde Itacyl se considera necesario “intensificar el cultivo” para alcanzar su óptimo económico.

Un rendimiento aceptable. José Carlos Iglesias también tuvo en cuenta determinados factores esenciales para un rendimiento aceptable, como evitar los herbicidas residuales del cultivo precedente o asegurar una óptima implantación mediante decisiones adecuadas en relación con fecha de siembra, preparación del lecho de cultivo, profundidad de la semilla y densidad.

También recordó la necesidad de un adecuado control de plagas y malas hierbas, así como la necesidad de realizar una fertilización exigente en azufre, “y más exigente que el cereal en elementos como el fósforo y el potasio”.

Al llegar la recolección, desde Itacyl se recomienda esperar a que los granos maduren para obtener la máxima producción, “siempre que la dehiscencia esté controlada”.

Para Itacyl, un rendimiento de 3,4 toneladas por hectárea es el umbral de producción mínima para cubrir los costes. En ese sentido, Iglesias destacó que durante la encuesta se detectaron varias parcelas que obtenían cuatro toneladas por hectárea, e incluso algunas alcanzaron las cinco.

Sanidad vegetal. Entre las empresas colaboradoras del encuentro de Villamarciel se encontraba UPL, compañía que facilitó la presencia de Irache Garnica, del Instituto Navarro de Tecnologías e Infraestructuras Agroalimentarias, Intia. En su ponencia sobre control de malas hierbas en colza, Garnica abogó por “huir del monocultivo” y de “cualquier forma de trabajar que suponga una única técnica”.

También recordó que “van desapareciendo las materias activas autorizadas”, por lo que “debemos emplear de la mejor manera los herbicidas que tenemos en nuestras manos; es la manera de que la UE no acabe por prohibirlos (por ejemplo si aparecen en forma de residuos en el agua) y también de no generar resistencias en las hierbas”. Para la investigadora de Intia hay mucho trabajo por hacer más allá de los herbicidas, por lo que insistió en la necesidad de hacer rotaciones. Eso sí, “se hace mucha rotación de colza y cereal, pero no es una verdadera rotación a efectos de combatir las malas hierbas”, advirtió.

Por esa razón “es importante una rotación con cultivos que tengan un ciclo muy diferente, ya que ello permite romper el ciclo de las malas hierbas. Por ejemplo colza con girasol, o con cereales de ciclo corto”, recordó, “porque debemos buscar cultivos con siembras y recolecciones distintas; sobre todo las siembras”.

Romper las rutinas. En opinión de Irache Garnica “es malo abusar de algo y en la actualidad se está abusando de la siembra directa y el no laboreo”. “A efectos de consumo de gasóleo es rentable, pero cada vez se gasta más en herbicidas”, recalcó. Pero “no se trata de pasar la vertedera todos los años ni de volver a lo de hace veinte años; se trata de diversificar.

Si tengo una vertedera puedo dar un pase y ‘resetear’ las gramíneas, pero no se trata de inclinarse por opciones radicales: vertedera todos los años o no laboreo todos los años”. “Hay que introducir cambios en las rutinas”, remachó.

Un buen uso del herbicida. Untre las claves para hacer un buen uso de los herbicidas, la representantes de Intia recomendó “conocer bien las malas hierbas que tiene nuestra parcela: de hoja ancha, de hoja estrecha…”. También conocer el momento de aplicación, “porque los hay de presiembra, preemergencia, posemergencia precoz o posemergencia tardía”.

También abogó por conocer las características y modos de acción de cada producto, como los herbicidas de acción radicular, para los que es necesario que haya humedad en el suelo. “Por eso poseen una ventaja muy importante en el regadío”.

Favorecer la implantación. El herbicida desempeña un papel muy importante en la implantación de la colza porque en estadios avanzados del cultivo ya es muy poco lo que se puede hacer, pues no existen herbicidas autorizados. “Hay más posibilidades de tratar en las primeras fases y debemos asegurar que el suelo esté limpio para una buena implantación”.

Residualidad. En ocasiones no se asegura la implantación de la colza y ya hemos aplicado el herbicida; si levantamos el cultivo debemos tener en cuenta el plazo de residualidad, que en buena medida depende de la dosis que hayamos empleado. ¿Qué sembrar? El agricultor debe manejar la mayor cantidad de información posible, y para ello es fundamental que el propio fabricante informe de qué cultivo se puede poner que sea resistente al herbicida.

“Intia y UPL han realizado ensayos de resistencia a herbicidas a lo largo de tres años y la conclusión es que algunas avenas son muy sensibles a los herbicidas, así como algunas cebadas. Además, algunos trigos y guisantes tienen un muy buen comportamiento en un suelo tratado”, señaló.

Los beneficios de la colza. Carlos Blanco, de Koipesol, destacó que el cultivo ha empezado a despertar interés en España, “aunque parece algo marginal porque el número de hectáreas es aún muy escaso”. Frente a ello, recordó que en la UE se dedican “millones de hectáreas” a la colza.

En el caso de Castilla y León existen unos 3,5 millones de hectáreas de tierras de cultivo, de los que dos millones se destinan a cereal, frente a las apenas 38.000 de colza. Por eso el reto no es sustituir al cereal, “sino introducirla en las rotaciones”, puesto que “hay 500.000 hectáreas que no hacen rotación o no la hacen de forma adecuada”. Además, Blanco propuso un barbecho para dos cultivos, con una rotación barbecho-colza-cereal, con lo que “se aprovechan los beneficios de la colza”.

Entre esas ventajas mencionó su papel en el control de malas hierbas, además de airear el suelo, una serie de beneficios económicos “que acaban en nuestro bolsillo”. Según los estudios realizados por Koipe, la colza ofrece el 75% de producción que un cereal y puede dar una rentabilidad por hectárea muy superior, con gastos similares.

Elegir bien la variedad. Una de las claves del cultivo reside en elegir bien la semilla (Blanco mencionó las variedades Octans y Florida, que está en su año de lanzamiento), teniendo en cuenta que la genética ha ayudado mucho a elevar el techo productivo. “La aparición de los híbridos ha sido una revolución, y después los híbridos restaurados, en los que todas las flores son fértiles”, recordó. Las variedades más interesantes son las productivas, con grano, sin dehiscencia y resistentes al encamado. “También con un porcentaje de grasa elevado y con estabilidad: que ofrezca el mismo resultado todos los años”.