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El responsable de maquinaria de Aenor, Luis Márquez, llama a repasar de forma crítica la secuencia de operaciones hasta poner la semilla en el suelo. Un vistazo al campo regional confirma la importancia del conocimiento heredado de nuestros mayores


La preparación del suelo previa a la implantación de cualquier cultivo ha sido por siglos la base de la agricultura. Así lo señala Luis Márquez, presidente del Comité Técnico Normalizador de Tractores y Maquinaria agrícola de Aenor y uno de los grandes conocedores del sector en España.

Para él, los avances en la tecnología de la producción, han cambiado el panorama agrícola de los países con mayor nivel de desarrollo, pero en todo lo que se relaciona con la preparación del suelo “el empirismo sigue siendo manifiestamente alto y las técnicas que más se utilizan son las que marca la tradición”.

Es una buena ocasión para tomar el pulso a diferentes agricultores de Castilla y León, cuyos conocimientos son en gran medida una herencia familiar. La próxima siembra que realizará Rubén Arranz, Campaspero (Valladolid), es la de remolacha. Lo hará a mediados de marzo, para lo que ya está preparando el suelo.

Ha pasado la vertedera pequeña y ahora tiene pendiente pasar el cultivador y abonar. Después hará un pase del preparador y sembrará.

Respecto a la patata, “lo primero es echar abono orgánico”, dice. Pasará la vertedera, después el cultivador y abonará. Más adelante hará otra pasada de preparador y sembrará. ¿Cómo prepara la maquinaria este agricultor responsable de 400 hectáreas entre Valladolid y Segovia?

“En estas fechas doy un lavado fuerte a todas las máquinas, lo que me permite detectar elementos que reponer o arreglar”. “Una parte de los arreglos la hago yo mismo y si no puedo por cuestión de tiempo acudo a la casa”, reconoce.

Luis Carlos Tremiño, de la localidad cerrateña de Vertavillo, ya ha arado pensando en la siembra del girasol. Suele pasar un subsolador o una vertedera, preferentemente la segunda “para que entierre bien el bromo”. Este año lo ha pasado una segunda vez para que la tierra esté asentada y nivelada y ahora ya no necesita tocarla más, “que es lo más recomendable para que el suelo conserve toda su humedad”.

Está echando el nitrógeno en forma sólida y más adelante echará unos 100 litros por hectárea de abono líquido, “que tiene mayor porcentaje de nítrico y que es mejor asimilado por la planta”. Eso le permitirá darle un buen empujón al cultivo y que grane bien. “Se notará en el peso específico una vez cosechado el cereal”, destaca.

La filosofía de Luis Carlos supone que hay que tener fundamentalmente tres buenas máquinas: una buena abonadora (“porque echas muchos kilos y tiene que repartirlo bien para una producción homogénea”), una buena sembradora, “que ayudará a tener una buena nascencia”, y una buena máquina para herbicida, “ya que echamos productos caros y nos jugamos la cosecha”. Por lo demás, “para dar vale un palo”, como se señala en la zona para indicar que el resto de la maquinaria no es igual de importante. Hay que tener en cuenta que este agricultor trabaja en el Cerrato, con un suelo “muy fácil” en el que está muy extendido el mínimo laboreo.

En estos meses de frío riguroso “cuando hay abundante paja en el suelo no la puedes enterrar mucho porque el grano se helará”. Por eso recomienda pasar un chísel o semichísel, para que la paja quede lo más superficial que sea posible. Luego la siembra deberá realizarse con una sembradora “que trabaje bien cuando haya abundancia de paja”.

Es tiempo de abonado de cobertera y el agricultor debe tomar algunas precauciones, como señala el responsable de Fertiberia para el noroeste de España, José Ángel Cortijo. En primer lugar debe realizar una limpieza absoluta de las abonadoras. De hecho, cada vez que acaba una campaña de abonados “el siguiente trabajo del agricultor es sin duda la limpieza exhaustiva de la máquina para que siga estando en perfecto estado”.

También es esencial realizar un correcto calibrado de la máquina. Las nuevas máquinas traen completos libros de instrucciones donde se explica la manera de cuidarla. Pero incluso cuando la máquina tenga ya unos cuantos años “el agricultor sigue estando obligado a asegurar que la máquina abona de forma correcta”.

En el caso de las abonadoras de doble disco “hay casos en que se ve de forma muy evidente que se echa más de un disco que de otro. Por eso debemos hacer los trabajos que sean necesarios para mantener ese equilibrio, acudiendo al vendedor si fuera necesario”, recalca Cortijo.

Una práctica muy recomendable, seguida por muchos agricultores, es tener una finca propia que sirva de referencia; si conocemos perfectamente sus medidas, podemos cargar el remolque, abonarla y volver a pesar el remolque para comprobar lo que hemos gastado. “Es una práctica muy conveniente porque la máquina se puede estropear de un año a otro”, apunta Cortijo.

Todas estas prácticas poseen una importante vertiente económica, “puesto que nos permitirán cuidar nuestra maquinaria y garantizar su durabilidad, además de evitar problemas agronómicos y aumentar nuestra producción”, remacha el responsable de Fertiberia.

Este repaso se puede completar tomando nota de una realidad palpable: las técnicas de labranza reducida, incluida la siembra directa, “se presentan como alternativas de interés”, como se encarga de recordar Luis Márquez, “tanto desde el punto de vista económico como ambiental”. Sin embargo, “las soluciones propuestas no siempre convencen en algunos cultivos, como la patata o la remolacha”, donde se necesita un suelo más bien suelto (con baja densidad aparente) “que facilite el desarrollo de las raíces, ya que la producción depende directamente de ello”

Por esa razón se debe analizar de forma crítica la secuencia de operaciones que finalizan con la puesta de la semilla en el suelo “en condiciones que favorezcan su rápida germinación y nascencia”, según Márquez. Por lo tanto, este análisis se realizará “razonando la conveniencia, o no, de todas y cada una de las operaciones que se realizan desde el momento en el que se cosecha un cultivo hasta que se implanta el siguiente”.

Para las siembras en primavera de cultivos exigentes conviene revisar la “historia agrícola” de la parcelaen la que se va a sembrar, analizando zonas en las que se hayan producido anomalías en las cosechas, por si son consecuencia de la compactación profunda del suelo, o por la presencia de suelas de labor, que conviene romper con una pasada de descompactador.

Para el control de las malas hierbas en cultivos de regadío se hace aconsejable el empleo de los aperos que demuestran más eficacia. Para suelos sin problemas de erosión el arado de vertedera se puede decir que es un “herbicida” muy eficaz, pero también costoso en energía (combustible) y tiempo, por lo que, para que sea rentable su utilización, conviene limitar la profundidad de intervención y trabajar cuando haya tempero, como subraya Márquez.

[Fotografía: Rubén Arranz comprueba el estado de su pulverizador en su explotación de Campaspero]