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Agrinox
La I+D+i de Agrinox se basa en el contacto permanente con el profesional de la agricultura; en aprender de sus necesidades. Nacida en 1997, la empresa fabrica abonadoras ‘a la carta’ para contribuir a una fertilización de la máxima eficiencia
Ricardo Ortega

Si hay una fórmula para hacerse un hueco en el mercado, sin duda pasa por vivir el día a día junto a los clientes a los que uno se dirige. Es el caso de Luis Sanz, de Agrinox, que hace dos décadas pasó de ser agricultor a dedicarse profesionalmente a la fabricación de abonadoras arrastradas.

Durante los primeros años sus clientes eran agricultores o empresas de servicios de Castilla y León, pero la labor comercial, el boca a boca y la asistencia a ferias hizo ampliar el mercado.

Hoy Agrinox cuenta con 32 puntos de venta en España, además de los que posee en Portugal, Francia… Sus máquinas están en buena parte de Europa y también se pueden ver trabajando en países tan lejanos como Angola.

Su trabajo se centra en las abonadoras arrastradas de tipo estándar y en la gama de máquinas diseñadas ‘a la carta’, con un alto grado de sofisticación y que por lo general encargan empresas de servicios. Existe incluso un tercer grupo de equipos especiales que agrupan las funciones de remolque, transbordador y abonadora.

Una de las novedades introducidas recientemente son las abonadoras de alta gama que incorporan su propia pluma “para cargarse el abono a sí mismas y no depender de un segundo vehículo”, señala Luis.

Pero todos los esfuerzos por mejorar técnicamente la labor de abonado se quedarían en nada si no avanza la mentalidad del agricultor. “Una de las cosas que hay que cambiar es el lenguaje. Si seguimos hablando de ‘tirar’ el abono parece que se puede hacer de cualquier manera, ¡y eso es peligroso porque te puedes jugar la producción!”, advierte Luis.

Uno de los puntos fuertes de Agrinox es el empeño por abonar adecuadamente el conjunto de la parcela, tanto la parte central como los bordes, donde la falta de pericia o del equipo adecuado puede hacer perder al agricultor hasta 250 kilos por hectárea en una finca de cereal.

De ahí la importancia de incorporar un bordeador, elemento que traen de serie todas las máquinas que salen de Agrinox. O novedades absolutas en España, como un dosificador en línea para maíz. “En las empresas pequeñas también se hace I+D+i y en este tipo de dispositivos no tenemos competencia”, subraya.

Se consigue gracias a que son máquinas hidráulicas, no estáticas, que pueden regularse en función de las circunstancias. Sin ir más lejos, en función del viento, “y de este modo puedes hacer que el abono caiga un metro más o un metro menos a derecha o izquierda. Con un sistema que te va ofreciendo toda la información sobre la labor que estás realizando; te indica el abono que vas echando y puedes modificar la anchura de trabajo”. El disco no ‘tira’ el abono, sino que lo dispersa, siempre en la dosis adecuada. Y es que “la tecnología, el abonado coherente, da dinero al agricultor”.

La parte del trabajo que más gusta a Luis es la fabricación de máquinas especiales, “por la satisfacción personal de ser innovador. Siempre hemos ido por delante en la fabricación de modelos especiales; no copiando a la competencia, algo que no nos gusta, sino atendiendo a las necesidades de los agricultores”. La mejor forma de detectar esas mejoras necesarias es el diálogo permanente con las empresas de servicios, “que son las que sacan más rendimiento a las máquinas”.