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Luis Márquez. Doctor ingeniero agrónomo, Aenor

Con pulverizadores hidráulicos de barras horizontales se pueden efectuar la mayoría de los tratamientos necesarios en los cultivos bajos, que son considerados habitualmente como “extensivos”, de gran interés en la agricultora de Castilla y León.

Son las barras porta-boquillas y las boquillas las que garantizan una buena distribución “superficial”, de manera que se puedan realizar las aplicaciones de productos herbicidas, insecticidas y fungicidas, tanto sobre suelo desnudo, como sobre cultivos de bajo desarrollo foliar.

De ellos forman parte unos elementos comunes, bombas, conducciones, depósito, grifería, etc., adaptados para suministrar el caudal de líquido a las boquillas situadas en conducciones que deben mantenerse generalmente paralelas a la superficie de tratamiento.

En cualquier equipo que utiliza la presión de líquido como base de la pulverización, se necesita disponer de:

  • Una bomba capaz de impulsar el líquido a presión.
  • Unas boquillas que dejan salir el líquido a la atmósfera.

Pero además son necesarios:

  • Un depósito, que contenga el caldo
  • Una grifería para la apertura y cierre de la pulverización, que incorpore un sistema de regulación de presión/caudal
  • Unas conducciones con sus filtros que lleven el líquido del depósito hasta las boquillas
  • Elementos auxiliares, que hacen posible el funcionamiento equilibrado del pulverizador.

El conjunto de elementos que componen el sistema hidráulico del pulverizador están unidos en un circuito que se inicia en el depósito, continuando por la bomba, que se encarga de impulsar el líquido procedente del depósito, llegando a la grifería, donde generalmente se produce una bifurcación, de manera que una parte del líquido retorna al depósito, ayudando a mantener la homogeneidad del caldo contenido en el depósito, y la otra es conducida hasta las boquillas donde resulta pulverizada.

En este recorrido, las partículas contenidas en el líquido, que por su tamaño pueden dar lugar a la obstrucción de las boquillas, o a dañar alguno de los componentes integrados en el circuito, son retenidas por filtros situados a la salida del depósito y en las conducciones que comunican la bomba con las boquillas.

Los circuitos toman formas ligeramente diferentes en función del sistema de regulación que se incorpora en el equipo, aunque el esquema general es bastante similar para todos los fabricantes.

La importancia de las boquillas

La base de la pulverización la constituyen las boquillas. Sin unas boquillas apropiadas ni el mejor de los equipos da resultados satisfactorios. Esto se aplica tanto a los equipos de pulverización hidráulica para cultivos bajos, en los que la energía cinética de las gotas que salen de la boquilla es la que sirve para asegurar una distribución superficial característica, como en los equipos de pulverización hidroneumática, en los que la boquilla sólo sitúa un chorro de gotas que se encarga de distribuir una corriente de aire generada por un ventilador.

Cada tratamiento exige el tipo de boquilla que mejor se adapte a sus particularidades, especialmente en lo que se refiere a: zona de distribución, volumen de aplicación y tamaño de gotas. Aunque esto puede conseguirse, en lo que respecta al volumen de aplicación y al tamaño de las gotas, con la modificación de la presión de trabajo de la boquilla, utilizando la boquilla apropiada se consigue aumentar la eficacia del tratamiento.

Elección de la boquilla y de la presión de trabajo

En relación con el tipo de boquilla hay que tomar como base lo que resulta más apropiado para el producto que se va a utilizar. La etiqueta del agroquímico utilizado debe incluir unas recomendaciones mínimas para facilitar esta selección.

Como norma general, se recomiendan los tipos de boquillas que permitan obtener una cobertura superficial y un tamaño medio de las gotas adecuadas al tipo de producto que se aplica (herbicidas, insecticidas, fungicidas…)

Hay que considerar el comportamiento de las gotas cuando chocan contra el objetivo. Dependiendo de su tamaño y de la velocidad a la que se produce el impacto, junto con la tensión superficial del caldo y de la presencia o no de cera en la superficie de la hoja, puede suceder que quede depositada, bien entera o después de explotar por el impacto, o también que el depósito sea pequeño como consecuencia de la gran tensión superficial del caldo y de la presencia de cera en la superficie de la hoja.

Esto obliga a seguir las recomendaciones establecidas para el con­junto cultivo/plaga para conseguir la mayor eficacia. Como valores de referencia se recomienda, para la aplicación de herbicidas, utilizar boquillas de chorro plano a presiones entre  1.5 – 3.0 bar (en casos especiales se puede admitir presiones hasta de 5.0 bar), o boquillas deflectoras (espejo) para la aplicación de herbicidas sistémicos de acción total en bajo volumen (50 a 100 L/ha). La aparición en el mercado de boquillas deflectoras (de baja deriva) diseñadas de manera que pueden sustituir a las boquillas de chorro plano clásico, amplia el campo de utilización de las boquillas deflectoras.

Para aplicaciones insecticidas y fungicidas se recomienda el empleo de boquillas de hendidura trabajando a presiones entre 3.0 y 5.0 bar y boquillas de chorro cónico trabajando a presiones entre 3.0 y 5.0 bar.

La velocidad del viento atmosférico puede dificultar que el tratamiento sea correcto, perdiéndose por deriva una buena parte del producto. Para evitarlo se recomienda utilizar boquillas adecuadas que consigan una pulverización fina para el caso de viento en calma o brisa muy ligera, o pulverización gruesa cuando se superen los 5 a 6 m/s de velocidad del viento. Si el viento supera los 7 m/s se debe evitar la aplicación, o utilizar boquillas especiales de baja deriva. En condiciones normales, con velocidades de viento entre 1.5 y 5 m/s, la pulverización de finura media, con los tamaños de gota anteriormente seña­lados, es la que proporciona los mejores resultados.

El desgaste de las boquillas

Las boquillas se desgastan con el uso, aumentando el caudal que proporcio­nan para la misma presión y modificándose el espectro de gotas producidas, por lo que se deben cambiar cuando esto suceda.

El desgaste depende del tipo de producto y de las condiciones en que se realiza la aplicación, interviniendo en el mismo tanto la abrasión que producen los materiales que atraviesan la boquilla, como los fenómenos electrolíticos consecuencia de la pulverización y también de la presión de trabajo.

Por ello es necesario el control periódico del estado de las boquillas, sustituyendo aquellas que suministran un caudal que supera en un 15% el caudal nominal para la presión de referencia. Este es un punto crítico para conseguir una buena aplicación, y forma parte del Control Periódico obligatorio establecido para los pulverizadores.

Tipos de boquillas

El diseño de las boquillas modifica sustancialmente las gotas producidas, tanto en cuanto a su diámetro como en la forma del chorro que se proyecta. Se comercializan cuatro tipos fundamentales:

  • De turbulencia o cónicas (cono hueco y cono lleno)

Estas boquillas dividen el líquido, al convertir su energía potencial bajo presión en velocidad, por variaciones bruscas de sección y de dirección. Este movimiento, en forma de torbellino, lo provoca una cámara helicoidal o una hélice giratoria y un orificio calibrado en la placa de salida a la atmósfera.

  • De hendidura, abanico o chorro plano

En ellas el orificio de salida no es circular, sino alargado en forma de hendidura. La pulverización se consigue por el choque de dos láminas líquidas convergentes en las proximidades de la hendidura. El chorro de pulverización es un chorro cónico muy aplastado, con forma de pincel y ángulo entre 60º  y 120º, con gotas más gruesas en los extremos del abanico. El aumento de la presión entre 1 y 4 bar incrementa sensiblemente su caudal, el ángulo de abertura del chorro y su aplastamiento, pero modifica poco la finura de pulverización.

  • Deflectoras, de choque o de espejo

Frente a la salida calibrada se presenta una superficie pulida e inclinada respecto a chorro (espejo) que provoca el estallido del mismo y su pulverización según un chorro plano de gran ángulo de abertura. Dan gotas gruesas de baja deriva y tradicionalmente se han venido aconsejando para tratamientos sobre suelo desnudo con abonos líquidos, o para herbicidas de acción sistémica en bajo volumen de agua. Con el mismo concepto de la pulverización por choque, se fabrican unas boquillas de baja deriva, especialmente diseñadas para sustituir a las de abanico en la aplicación de todo tipo de herbicidas.

  • De tres orificios, o chorros múltiples

Está constituida por una placa perforada con un orificio calibrado, sobre el que se coloca un cuerpo de plástico con tres o más perforaciones sobre una circunferencia que tiene su centro en línea con el orificio de la placa. Salen tres chorros idénticos con una sucesión de gotas gruesas y cuyo impacto sobre el suelo produce una reparto aceptable para distribución de abonos líquidos. No son apropiadas para la aplicación de productos fitosanitarios