Política de Cookies

2208-media-maquinaria-suelo
No podemos hablar de un único modelo para la preparación del suelo. Todo está supeditado al clima, el terreno, el ciclo de las variedades y la oportunidad para hacer las labores. Por eso existen multitud de aperos magníficamente adaptados para cumplir con su objetivo

 

Julio Gil, de Sembradoras Gil

Desde que el hombre deja de ser nómada y comienza el sedentarismo, los cereales y las leguminosas empiezan a tomar protagonismo en la alimentación del ser humano; es por el 5.000 a.C. cuando se introducen los cereales en Europa, desde Oriente Medio en un flujo migratorio y con la influencia de un cambio climático, que aumentó las temperaturas y las precipitaciones.

Desde entonces, la preparación del terreno para el cultivo de los cereales hasta el día de hoy ha evolucionado considerablemente; los medios de tracción, la lucha contra las malas hierbas, las diferentes climatologías, los diferentes tipos de suelo y las diferentes necesidades, así como el reparto de la tierra han sufrido adaptaciones para poder aumentar la capacidad de producción de los cultivos.

El invento del arado de vertedera en la Edad Media influye notablemente en el aumento de las producciones gracias a su efectividad en el control de las malas hierbas y la preparación del lecho de siembra. Ahora las cosas han cambiado mucho, gracias a los medios de tracción, a la tecnología y a los cambios de necesidades.

Después de esta breve introducción histórica, en el siglo XXI no podemos hablar de un solo modelo óptimo para la preparación del suelo. Todo está supeditado al tipo de clima, al terreno, a los ciclos vegetativos de las variedades y a la oportunidad en el tiempo para hacer dichas labores.

 

Escoger el apero más adecuado

Desde las labores profundas hasta las de preparación del lecho de siembra, existen multitud de aperos magníficamente adaptados para cumplir con su objetivo.

La elección de estos aperos, en función de las necesidades de cada agricultor, dependen sobre todo de los factores que antes he mencionado: suelo, clima, etc.

Podemos hablar de que estos factores son tan importantes como para poder asegurar que hay terrenos que, debido a su facilidad para la compactación, necesitan de aperos que garanticen una profundidad suficiente para el desarrollo de las plantas (subsolador, arado de vertedera) y otros suelos que, debido a su permeabilidad y estructura, permiten la práctica de siembra directa, donde sobran todos los aperos.

Entre estas dos prácticas, buenas en función del tipo de suelo, hay muchas formas de poder trabajar para alcanzar el objetivo fundamental, que es una buena implantación del cultivo y el desarrollo del mismo.

 

Conocer las características de nuestro suelo

En España, debido a las diferencias climáticas y variedad de terrenos, podemos ver cómo hay regiones donde el arado de vertedera, o arado de cohecho, es un apero imprescindible, ya que el volteo de la tierra es necesario para conseguir una franja de terreno apta para el desarrollo del cultivo. Hay otras regiones donde es suficiente el uso de chísel y cultivadores, laboreo vertical, para conseguir el objetivo, ya que son un tipo de terreno más poroso donde el paso de este tipo de aperos es suficiente para conseguir una buena preparación del lecho de siembra.

Hay que tener en cuenta que, en función de los acontecimientos climáticos, cada año se presenta de forma diferente ante el agricultor, por lo que es muy importante tener a disposición la suficiente variedad de aperos para poder afrontar las labores necesarias, minimizando costes y optimizando tiempos.

Las tendencias en este momento son claramente hacia un mínimo laboreo o siembra directa, en los casos que sea posible, ya que debido a la baja rentabilidad de las explotaciones se requiere bajar los costes y los tiempos para poder aumentar la superficie trabajada. Es más. Hablaría de una combinación de ambas técnicas, para poder afrontar con éxito la mayor parte de las campañas, eso sí, unido a una rotación de cultivos que le permita espaciar las labores de preparación y de siembra en un tiempo óptimo.

 

La potencia necesaria depende del tipo de apero

También es muy importante la elección de la potencia en función del apero, algo que casi siempre se hace al revés, de modo que nos encontramos con un campo de tractores sobredimensionado y un gasto de combustible excesivo.

En consecuencia, una baja eficiencia y productividad.Después de tantos siglos labrando el suelo tendremos que seguir aprendiendo, pero lo que sí es cierto es que la evolución tecnológica ha hecho que con un porcentaje bajísimo de gente empleada en el campo se puede dar de comer a un mundo cada vez más poblado, aunque no de forma justa, ya que una parte muy importante del globo sigue mal alimentada.